¡¡¡ Bienvenidos corazones !!!

Deseo que disfrutes del contenido de este espacio, toma con cuidado sus curvas, atiende los silencios, respira profundamente y siente. Ojalá que este trocito de mi mundo nos ayude a acercarnos y así compartir el hilo de la vida. De corazón a corazón, PatMel.

Puede que a veces parezca ausente, pero aunque no veas las palabras mi esencia está allí y mi Ser te recibe con Amor.

Los escritos son de mi autoría y las imágenes propias o prestadas de la red.
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5 de febrero de 2010

Entretejiendo


Entretejiendo telerañas ajenas y propias vuelvo a lanzar mis palabras al viento.
Es un anhelo sentido de que en su vuelo adquieran forma de hadas que acaricien tu alma.
Desde mi ciudad que me vió nacer emito señales que se escapan de mi inconsciente para volcar los mensajes de mi interior, de estos días difíciles y desafiantes.
He descubierto que la cordura vive en mi como savia en hoja viva y en lucha incesante me levanto las veces que hagan falta para desafiar a los demonios que revolotean carroñeros de esperanza e ilusión.
Esperanza e ilusión... Esperanza de sembrar y cosechar amor sin medida. Ilusión de vida y arcoiris que bañen este mundo tan mío..., tan tuyo.
No hay tiempo para las nostalgias desmedidas y los pies se aferran a la tierra en la resolución de avatares ajenos y propios.
Miro hacia atrás y veo el largo camino que he recorrido para poner en práctica, una vez más, la comprensión del amor por encima de cualquier otra cosa. Ese amor que borra los resentimientos y vivencias sufridas.
El amor que hoy sostiene tu mano entre las mías regalándote mi memoria en la calidez de nuestro encuentro.

10 de enero de 2010

Papelera de la vida


Los papeles se amontonan a lo largo de mis días. Algunos irrelevantes, simples testimonios de deudas pagadas, recibos cobrados, facturas de super.
Otros reflejan encuentros y desencuentros manifiestos como sentencias de divorcio, apelaciones de abogados.
Los hay que guardan momentos memorables como partidas de nacimiento, de defunción. Documentos viejos, de papá, de mamá, de mis hijos con las fotos de esa época. Títulos de estudios que ya ni recordaba que tenía.
En una caja apartada, sin embargo, se escondía un tesoro. Las cartas de mi padre, su protagonismo en mi niñez desde la distancia. Con cuidado las quité del sobre que las guardaba del tiempo. Algunas manuscritas en tinta, otras mecanografiadas con la Olivetti de papá. Todas mías, muy mías..., muy nuestras. Las apreté contra mi pecho en la nostalgia de recuperar sus palabras, su contenido, su cariño. Supe entonces que tenía que hacer algo con ellas y, de pronto, me ví en el suelo ordenándolas cronológicamente. La iniciativa llevó más tiempo de lo previsto ya que en muchas caí en la tentación de leerlas y algunas veces las lágrimas me devolvían a la tarea. Decidí que reescribiría a modo de memoria su contenido y en ello estoy. Aún no tengo claro el fin.
En el fondo de esa misma caja, en otro paquete reunidas, habían cartas de amigos, algún tío o tía y prima y hasta alguna de mamá. Postales y telegramas felicitando cumpleaños y fiestas navideñas.

Más abajo aparecieron unas cuantas fotos,...mi abuela, mi bisabuelo, un señor muy puesto de bigotes, fotos antiguas de familiares que no reconozco de adulta. También alguna foto mía del desván de mi niñez.

Los papeles de mi vida que me siguen acompañando y contándome lo que pueda olvidar, lo que no tenga presente. Fotos con amigos desde la niñez que hoy son hermanos de la vida después de más de cuarenta años de travesuras y amor compartidos.
Otras cajas traían libros queridos que van conmigo deambulando de casa en casa, mi colección de servilletas traídas por papá de todos sus viajes. En la última encontré algunos escritos de distintas épocas que leí al azar; algunos con vivencias que se habían borrado de mi memoria y redescubría en la lectura. Algunas cartas de amor o desamor, alegrías y tristezas...., la vida misma.
Y después de una pausa, me quedé un rato mirando los papeles..., mis papeles.
Mis papeles que eran también mi vida y trozos de mi y de mis seres queridos. Sentimientos atrapados en celulosa. Cuando internet no existía y las cartas zurcaban mares y volaban y nos unían en la distancia. Y vino a mi memoria la alegría de la llegada del cartero que traía ese papel cargado de novedades, cargado de encuentro que tanto habíamos esperado.
Todas letras talladas en la corteza de mi alma que me devuelven el sentir del ayer.

Entonces, agarré la caja y volví a guardar mis tesoros pues todo era necesario.

9 de enero de 2010

Te llevo un poco de memoria...


Mis días de viaje se acercan. La partida es inminente e inevitable.
Los amores divididos una vez más por un mar agitado, nunca sereno pero siempre vivo.
En un viento arremolinado se suceden los días y las noches. Ya no hay casi tiempo de atesorar gratitudes para el alma. Ya no hay casi tiempo para un archivo de amor, de caricias y abrazos para la distancia.
Me iré con lo vivido, en su escasez o abundancia. Así pesará o alivianará mi mañana.
Espera del otro lado del azul casi infinito un amor añorado. Amor de la vida y del aprendizaje en arrugas y cantos de la memoria. Una mujer que se apaga en su perdida sinrazón de ser, refugiándose en las telarañas del pasado.
Viajo a rescatar su breve presente intentando hacerlo más duradero, más sentido, más real.
Viajo con las mejores intensiones pero con la única convicción que el amor puede brindar.
Dejo de este lado del océano mi mochila y mis reclamos, dejo todo aquello pendiente de explicación o de resolución. Ya nada de eso tiene sentido, quedará enterrado con el hacha de guerra que algún día lanzamos las dos en la incomprensión de nuestras vivencias hace ya muchos años.
Ahuyentaré los fantasmas de su pasado con historias y relatos que le den sosiego y paz.
Abriré las puertas de la jaula de su mente ayudándola a soñar sueños buenos y limpios de toda realidad.
Inventaremos juntas un futuro que se perderá en el sueño de esa noche para reinventarlo en nuevas historias, una y otra vez al día siguiente.
Es mi turno de cuentos de hadas, cuidados, de llevarte de la mano, de nanas para el corazón.
Es mi tiempo de regalarte un mundo de alegrías donde todo está en armonía.
Tu voz de socorro llega con el viento en sus ráfagas continuas. En tu necesidad me esperas y mi anhelo me mueve hacia el reencuentro.
Mamita querida rescataré tu alma de la oscuridad prestándote mis alas.

28 de diciembre de 2009

me fui...


Caí por un precipicio sin ni siquiera darme cuenta el día que el aire me desprendió la piel. Me equivoqué. No respeté mi intuición ni seguí mi corazón. Me dejé marear y perdí el oxígeno en una nube de cuentos y proyectos que no me pertenecían. Desarmé mi mundo, arranqué mis raíces con violencia y sin razón. Las nervaduras dejaron de alimentarme, de sostenerme...., sin tierra ni mar amigos. El alma se escondió de sí misma huyendo de las ráfagas que la golpeaban, que me sacudían. Vine a vivir la vida de otro, dejando la mía postergada. Metí en un cajón gigante lo que creí que era personal. El corazón me pedía a gritos los abrazos que quedaron del otro lado del océano. Entonces comprendí cuánto me importaba, cuan valioso era mi pequeño mundo. La distancia estaba impuesta..., duramente impuesta. Adquiría una dimensión gigantesca ante el dolor de no estar, de no tocar, de no ver..., todo aquello que había ayudado a construirme, a cimentarme, a fortalecerme..., a hacerme la mujer que era. A la deriva emprendí un viaje en mi interior donde me aferraba al archivo de mis vivencias, a los latidos de mi corazón que se movían junto con mis recuerdos. Recuerdos de amor, de lucha, de crecimiento, de dolor, de todo mi sentir... Mi pequeña gran cuidad..., mi Montevideo..., que aparecía más clara desde la distancia que caminando por sus propias calles. La rambla, las caminatas por la playa, las idas al parque con Etna, mis hijos corriendo en la vereda o tirándose por las rampas del parque con sus patinetas. La gente, las voces, el acento que nunca había descubierto como dulce y amable. Mis viejos queridos y ya mayores, cada uno en su cueva defendiendo su territorio el uno del otro pero enredados hasta la muerte. Los amigos de toda la vida, los de veinte años, los más nuevos..., pero todos verdaderos. Los asados y las pizzas amasadas en casa..., el parrillero , la estufa a leña encendida. Mi pueblo, mi gente, mi vida. Entonces entendí el significado de desarraigo en mi piel y mi alma comenzó a llorar.