Son las ocho de la mañana.
Montevideo amanece encapotada, una fina lluvia lava el aire y refresca las verdes copas de los árboles que respiran estas calles de mi ciudad.
Desde mi ventana, el horizonte se pierde en la fusión gris de un cielo que se traga el mar con su densa niebla.
Una paz de lluvia amiga lo envuelve todo desde lo alto.
Montevideo a mis pies respira.
Y yo respiro con mi tierra,
en bocanadas azules y verdes,
a veces grises de nostalgia,
otras de vivos colores.
Como la vida que transcurre
al ritmo de mi biológica existencia,
de mi entraña sosegada,
de mi corazón latiendo
vivo y multicolor.
Y aquí estoy, en esta tierra que me contiene sin remedio, útero amigo con mi Cruz del Sur resucitada en la retina y el abrazo siempre a flor de piel.
Así es el Amor de caprichoso,
revive en tierra fértil
donde la semilla abrazó la luz,
donde la música danza en el alma
y el tiempo desaparece de repente.
Y aquí estoy, resucitando...
PaMel