
Me dejaste con el champagne descorchado.
Se fueron con las primeras burbujas las ilusiones de una propuesta.
Se volaron los sueños.
Apareciste pintada de guerra en un altar hundido en la sinrazón.
Los votos se quedaron sin palabras. Las promesas se quedaron en la garganta.
Tiraste tus puñales dejándome inconsciente y sin sentido, como un ángel caído.
Rodó mi corazón por la alfombra, jadeante y solo.
Se detuvo antes tus pies que lo patearon.
El reloj dió la última campanada.