
que traes recuerdos
envueltos en lazos de amor
Vuelan puñales escondidos
en tus remolinos voraces
enterrándose en mi corazón
Viento de risas y llantos,
de indomables temores,
libera las rejas de mi alma
Me has dejado libre.
Tu maleta se ha ido contigo por la puerta.Pero el olor a ti aún permanece en el aire que respiro.
En el baño quedó tu esponja junto a la mía y, cada vez que me ducho, la sustituye, imaginándome que son tus manos que me enjabonan.
Vives conmigo en mi inconsciente y permaneces dueño de mi pasado , de mi presente.
No consigo despejar mi mente, olvidar tu voz, que susurra en mi cabeza. Es como si pisaras mis pasos, como si fueras mi sombra que me acompaña a todos lados.
Pongo en la mesa dos juegos de cubiertos y siento que bebes de mi misma copa. Entonces pierdo el apetito y reconozco que he cocinado para ti, para ti que ya no estás...
Quizá en mi interior no quería esta libertad.
Quizá la seguridad de tu amor me llevó a decir tonterías, a rozar la soberbia, … a mostrarte prescindible.
Quizá encontraba en esa actitud y en tu respuesta incondicional alimento para mi autoestima, para mi orgullo. Jugué con ello, uno y otro día.
No he valorado la dimensión de tu amor, la profundidad de tus sentimientos, de tu deseo.
A tu manera, cuidabas de mi, entibiabas mis noches..., me esperabas.
Camino por la estancia y el vacío me invade; ya no me siento independiente.
Ya no me apetece salir sola, con los amigos,... sin ti.
Ya nada llena los espacios y todo está marcado por la ausencia de ti.
El desorden de tu ropa en el armario se ha ido dando lugar a unas baldas frías que no sé cómo llenar.
Me pierdo en la cama buscándote dormida y abrazo el vacío de ti.
Ya no se si estoy cuerda o totalmente loca.
Todo eso que anhelaba aparentemente no es lo que necesito.
Me has dejado libre.
Ahora soy prisionera de tu ausencia.
Cierro los ojos y miro por la ventana de mi alma para imaginarme mi vida sin mi.
Súbitamente se me encoje el corazón de sólo pensar que no volveré a darme un abrazo cada vez que lo necesite, cada vez que lo desee. Entonces el desasosiego me invade ante el descuido en que quedará mi ser.
Quien me ayudará a levantarme cada vez que caiga al tropezar con una piedrecita de mi camino?
El arcoiris no se dibujará en mi retina y ya no anidaré en los atardeceres.
No escucharé ya mi voz en su canto casi diario de alegría y agradecimiento.
Y tu mano..., ya no podré sentirla en la mía. Y tu voz ya no susurrará palabras de amor en mi oído, ni mi piel se estremecerá con el tacto de la tuya.
Se vendarán mis sentidos y se oscurecerá el mundo. Los sonidos se ahogarán en un aljibe sin sueños ni promesas. Las aves emigrarán a lugares más acogedores y el mar detendrá el golpeteo de sus olas en las rocas de la orilla.
Mis pies ya no dejarán huella en la arena húmeda y el viento no podrá enredar mi pelo.
Y el sol..., ese sol que es vida..., ya no calentará mi cuerpo.
Entonces miro hacia atrás y veo momentos en los que no estuve presente, en los que no fui la protagonista.
Entonces, entiendo que debo aferrarme al presente con uñas y dientes y escurrir cada minuto como si fuera el último.
Entonces decido priorizarme y priorizar todo aquello que en la cordura de mi locura entiendo indispensable de ser vivido.
Entonces, abro los ojos y me marcho a descubrir mi alma al viento.
VICENTE HUIDOBRO
Vicente García-Huidobro Fernández (Santiago, provincia de Santiago, 10 de enero de 1893-Cartagena, provincia de Valparaíso, 2 de enero de 1948), más conocido como Vicente Huidobro, fue un poeta chileno. Iniciador y exponente del creacionismo, es considerado uno de los más destacados poetas chilenos, junto con Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Pablo de Rokha.
Entre sus obras destacadas pueden señalarse, «Altazor» 1931, «Temblor de cielo», «Poemas árticos», «Ecuatorial»,
«Tour Eiffel» y «Hallali».
Os dejo un poema de Huidobro.
Depart
La barca se alejaba
Sobre las olas cóncavas
De qué garganta sin plumas
brotaban las canciones
Una nube de humo y un pañuelo
Se batían al viento
Las flores del solsticio
Florecen al vacío
Y en vano hemos llorado
sin poder recogerlas
El último verso nunca será cantado
Levantando un niño al viento
Una mujer decía adiós desde la playa
TODAS LAS GOLONDRINAS SE ROMPIERON LAS ALAS
Triángulo armónico, su primer caligrama.
Huidobro como corresponsal de guerra conversa con el general Jean de Lattre de Tassigny (1945).
El 2 de enero de 1948 murió en su casa. De acuerdo a sus deseos, fue enterrado en una colina frente al mar. Su hija mayor, Manuela, y Eduardo Anguita escribieron el epitafio: «Aquí yace el poeta Vicente Huidobro / Abrid la tumba / Al fondo de esta tumba se ve el mar».
El mismo año de su muerte, Manuela publicó Últimos poemas, una recopilación de textos inéditos y textos dispersos en revistas. Huidobro escribió más de una treintena de obras, entre libros de poesía y de narrativa poética, de los cuales poco más de una decena fueron publicadas póstumamente.
El escritorio de Huidobro en su Casa Museo de Cartagena.
La Fundación Vicente Huidobro se creó en Santiago en 1990 con el objetivo de preservar el legado del poeta.
El 6 de abril de 2013 se inauguró el Museo Vicente Huidobro en la que fuera su casa de Cartagena.
Enlaces con más información sobre vida y obra:
https://www.vicentehuidobro.uchile.cl/poemas_principal.htm
http://www.cervantesvirtual.com/bib/portal/bnc/huidobro/
https://es.wikipedia.org/wiki/Vicente_Huidobro
A Gregorio Martínez Sierra
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.
Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...
Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.
Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.
¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.
En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!
~Gabriela Mistral~