
De pronto el corazón se me hace un puño, me sobra pecho y me falta aliento.
La distancia..., siempre la distancia manipulándome a su antojo. Los amores colgados de los puntos cardinales en la disputa de su turno. Y esa añoranza que no se entiende y esa melancolía que envuelve en telas veladas los días.
Otra vez te veré en mis sueños, o agradeceré al teléfono el eco de tu voz o apostaré a que el email no llegue tarde.
Pero este abrazo..., este abrazo que no entiende de tiempos, ni de distancias... Este que me escondió entre tus brazos de hijo de la luna y mío..., quedará aferrado a mi piel en estos días que se alargan en el ansía de no saber de tu partida, de sólo desear el reencuentro.
Como quisiera poder hacer del mundo un pañuelo y abrirlo sobre mi jardín haciendo florecer esos lugares que encierran querencias y miradas de luz.