
Escritora... Quizá esa mujer que decide atarse los versos a la garganta para ser voz de muchos, para exorcizar los demonios, exfoliarse las emociones o perderse en el laberinto amoroso. O aquella que nos sumerge en la maravilla de una historia que nos devora y en la que nos perdemos casi sin remedio.
Y entre versos y relatos nos reencontramos, nos expandimos y crecemos.
Gracias mujeres por ponernos alas cuando pensábamos que moriríamos con los pies en la tierra.
Vuestra generosidad nos recuerda nuestra libertad.
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