
Entretejiendo telerañas ajenas y propias vuelvo a lanzar mis palabras al viento.
Es un anhelo sentido de que en su vuelo adquieran forma de hadas que acaricien tu alma.
Desde mi ciudad que me vió nacer emito señales que se escapan de mi inconsciente para volcar los mensajes de mi interior, de estos días difíciles y desafiantes.
He descubierto que la cordura vive en mi como savia en hoja viva y en lucha incesante me levanto las veces que hagan falta para desafiar a los demonios que revolotean carroñeros de esperanza e ilusión.
Esperanza e ilusión... Esperanza de sembrar y cosechar amor sin medida. Ilusión de vida y arcoiris que bañen este mundo tan mío..., tan tuyo.
No hay tiempo para las nostalgias desmedidas y los pies se aferran a la tierra en la resolución de avatares ajenos y propios.
Miro hacia atrás y veo el largo camino que he recorrido para poner en práctica, una vez más, la comprensión del amor por encima de cualquier otra cosa. Ese amor que borra los resentimientos y vivencias sufridas.
El amor que hoy sostiene tu mano entre las mías regalándote mi memoria en la calidez de nuestro encuentro.