
Entonces, me detengo y me sacudo.
Me elevo y me observo.
Me callo y me escucho.
Extiendo mis alas
y cruzo el océano sin prisa
para anidar junto a tu lecho
y esperar que amanezcas.
Entonces,
cuando tus ojitos vivos,
se reencuentren con los míos,
ciérralos nuevamente
y abraza nuestros corazones
en tu interior.
Recuerda...
El tiempo no existe
El pétalo no termina de caer
El sol nunca se oculta
Mi caricia es eterna
Te sostengo en mis manos,
cristalino y vivo.
Universo que en gota
derrochas la fuerza del verso.
Destellos de luz
que desboca el arcoíris
en tu lluvia limpia.
Susurra el tiempo,
inmóvil,
amortigua el aliento
de una caída
mientras se transforma
en sueño.
Me niego a colgar mi imagen del perchero entre tus camisas recién planchadas.
Me niego a sostener el viento para que no te despeine o apagar al sol que te deslumbra.
Me niego a sentarme en la segunda fila, a moverme en el humo de tu cigarrillo o ponerme el delantal cada mañana.
Porque me pierdo a veces en la arruga de la sábana, y en la oscuridad temo hagas el amor con otra cara que no es la mía mientras te afincas en mis muslos. No quiero ser el bolsillo vacío de tu mejor chaqueta, ni el moretón de tu desgana.
Y te miro de soslayo cuando el alba te devuelve a mi lecho después de una ronda de alegrías al cuerpo, como tu le llamas.
Se desdobla entonces la mirada en una lágrima que corre con un cansancio viejo y la realidad y la fantasía ya no se distinguen.
Entonces, le sonrío a la ironía de la excusa que siempre me abraza a tiempo para eludir mi libertad sabiendo que pronto su conquista será definitiva.
Cuando se quiere de lejos
el amor se aferra a las entrañas
El corazón hace un hueco
donde descansa su calma
Cuando se quiere de lejos
sólo anhelamos buenas nanas,
cantamos juntas las almas
sin temor a equivocarnos
Es un amor que no entiende
de prisas ni de olvidos,
no lo atormentan los gestos
ni se detiene en la palabra
Cuando se quiere de lejos
se enciende en viva mañana
la llamita de tu imagen
sin frontera ni hojarazca
La piel se lleva tatuada,
no necesita el deseo.
Cuando el amor abraza la distancia
seguramente es eterno.
Cuando se quiere de lejos
la paciencia se despereza
sabiendo que cuando despierte
amanecerás en mi lecho.
En un momento certero
se acercarán nuestros vuelos.
Y, entonces, los corazones
festejarán el reencuentro.
Me duelen los ojos,
se me seca la boca,
el pecho pierde su freno.
Las manos se hacen puño,
se muerden los dientes,
se riza el pelo
Las tripas se revuelven
y se sostiene el aliento
mientras rueda por la acera
ese cuerpo bien armado
con una flor en sus dedos
En su socorro acuden
otras mentes de año nuevo
Aporreado desde el suelo,
con la sonrisa en la boca,
de mirada firme y valiente,
grita entre sangre y dientes
¡La libertad no es un sueño!
Sostienes mi garganta con firmeza, escurriendo las palabras, quitando el eco a mi voz. Cuestionas mis sueños y desafías mi razón llevándome al borde de la locura de pentagrama vacío de notas.
A toda velocidad viajo por un túnel sin fin que acaba en un grito vacío.
Y mis cuerdas flojas se atemorizan con la idea de morir en el silencio.
Silencio llano, recto..., donde las curvas se enderezaron para reprimir el aliento..., donde los pensamientos chocan machucando su sentido.
Silencio gris de imposición concedida tras largos tiempos de no ser escuchada..., de navegar palabras de otros y convocar diablos en sueños.
Si..., Diablo de mirada enrevesada y morboso criterio..., a quien hoy le daría en bandeja gran parte de mi tiempo..., por devolverme colores con que pintar hoy mi lienzo, por quitarme este cansancio que se instaló en mi pecho.
Diablo que roba el momento y con alas de ángel traicionero disfrazado, ríe en mi encuentro..., diabólico ser que me sostiene en vilo.
Y con la vida en la palma, desnuda en el recuerdo..., desdoblada en dos mundos que en mis sábanas pelean..., se me destroza el cuerpo en dos caras de miedos. Vuela la libertad a otro mundo, se arrastra mi alma suplicando me devuelvas el sosiego..., camina hoy algo errante sabiéndose en un desierto.
Conciencia desmedida, reflexión añadida a mi enorme trascendencia que hoy dona su cerebro en envidia de otro nuevo..., uno simple, acomodado a estos nuevos tiempos, acompañando los vientos, tirando la primer piedra..., tocando la irresponsabilidad ajena, sin empatías ni entereza...
Pero qué digo...Dios mío, ..., si doblaría la tierra por sembrarla de hojas tiernas..., apagaría tu llanto cuando la lluvia te envuelva y por mis niños despiertos navegaría los mares de todo este hemisferio en un minuto siquiera..., y , sin embargo dormida en esta tristeza vieja, a manotones empujo este dolor que me ciega, que cubre con su hojarasca mi voz que aún no me llega.
Universo, hoy te pido..., me concedas una tregua.
Yo vuelvo por mis alas
Las dejé olvidadas
aquel día en que tu grito
me atizó el corazón,
dejándomelo en un puño
Y se despertó el día ciego
y a tientas recuperé mi aliento,
sosteniendo ese bemol
de pentagrama gastado
y silencios de armonías suaves
La página te aparta
de la acera del tiempo...
que no existe más que en mi deseo
y cual holograma confuso
te caes de mi imagen
Porque los valles me esperan
en fértil encuentro
de riachuelo que canta en azul,
de transparencia de ánima noble
que abraza este nuevo vuelo
Mis alas ya en mi espalda
Quiero morirme siendo manantial
nacido en dibujos de cielo
que regala esta tierra dulce,
kárstico relieve salvaje
de mi geografía humana
Árbol de luz gritando desde el cielo
Con su caricia de atmósfera clara
sacude mis raíces entumecidas
y en un panteísmo indómito
de arcoíris de conciencia,
se levanta esta vasija mía
de arcilla de molde viejo
Árbol que me jala
en brazos limpios...
Y se me caen los trastos
y se me vuela el apego
y en llamarada valiente,
prendo a mi desdicha fuego
Un río de lava destierra
por siempre el sufrimiento
Dios de agua de espejo
de sonrisa enamorada,
de luz de aurora naciente
de frescor de alborada...,
regrésame a tu lado
pósame en tus calmas ramas
De la dualidad no necesito ya
ni una sola mañana
No te he pisado los pasos
pero el viento me ha hablado de ti
en voces de amores de siempre
en una distancia que no existe
Pronto serás el águila
que recuperará su cumbre
y envuelta de luz divina
danzará en mágicas tierras
Y hoy suenan los tambores
y la tribu reunida toca tu mejilla
y se agigantan las pupilas
en colgados recuerdos
Me asomo a tu balcón,
te tiendo la mano despacio
Sólo es un puente de alelíes
donde el tiempo no tiene nombre
VICENTE HUIDOBRO
Vicente García-Huidobro Fernández (Santiago, provincia de Santiago, 10 de enero de 1893-Cartagena, provincia de Valparaíso, 2 de enero de 1948), más conocido como Vicente Huidobro, fue un poeta chileno. Iniciador y exponente del creacionismo, es considerado uno de los más destacados poetas chilenos, junto con Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Pablo de Rokha.
Entre sus obras destacadas pueden señalarse, «Altazor» 1931, «Temblor de cielo», «Poemas árticos», «Ecuatorial»,
«Tour Eiffel» y «Hallali».
Os dejo un poema de Huidobro.
Depart
La barca se alejaba
Sobre las olas cóncavas
De qué garganta sin plumas
brotaban las canciones
Una nube de humo y un pañuelo
Se batían al viento
Las flores del solsticio
Florecen al vacío
Y en vano hemos llorado
sin poder recogerlas
El último verso nunca será cantado
Levantando un niño al viento
Una mujer decía adiós desde la playa
TODAS LAS GOLONDRINAS SE ROMPIERON LAS ALAS
Triángulo armónico, su primer caligrama.
Huidobro como corresponsal de guerra conversa con el general Jean de Lattre de Tassigny (1945).
El 2 de enero de 1948 murió en su casa. De acuerdo a sus deseos, fue enterrado en una colina frente al mar. Su hija mayor, Manuela, y Eduardo Anguita escribieron el epitafio: «Aquí yace el poeta Vicente Huidobro / Abrid la tumba / Al fondo de esta tumba se ve el mar».
El mismo año de su muerte, Manuela publicó Últimos poemas, una recopilación de textos inéditos y textos dispersos en revistas. Huidobro escribió más de una treintena de obras, entre libros de poesía y de narrativa poética, de los cuales poco más de una decena fueron publicadas póstumamente.
El escritorio de Huidobro en su Casa Museo de Cartagena.
La Fundación Vicente Huidobro se creó en Santiago en 1990 con el objetivo de preservar el legado del poeta.
El 6 de abril de 2013 se inauguró el Museo Vicente Huidobro en la que fuera su casa de Cartagena.
Enlaces con más información sobre vida y obra:
https://www.vicentehuidobro.uchile.cl/poemas_principal.htm
http://www.cervantesvirtual.com/bib/portal/bnc/huidobro/
https://es.wikipedia.org/wiki/Vicente_Huidobro
A Gregorio Martínez Sierra
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.
Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...
Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.
Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.
¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.
En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!
~Gabriela Mistral~